martes, 10 de agosto de 2010

Moría.

























Voy a dar paso a una de las confesiones más personales. No, de las más no, la más, la peor, la más dolorosa.
No voy a contar su historia, voy a contar las consecuencias de su decisión, eliminar lo que te hace vivir, la comida.
Pero, ella no es ella. Ella soy yo.

Poco a poco su corazón se iba haciendo más pequeño, antes, por amor, ahora, por enfermedad. Se fue haciendo cada vez más chiquitito, iba encogiendo.
Su desnutrición hizo que su corazón fuera cada vez latiendo más lento, ralentizando todo su organismo, dejándola morir, minuto tras minuto.
Estaba siempre mareada con la tensión muy muy bajita, en cualquier momento podía desmayarse o lo que más ella temía: sufrir una parada cardíaca, un paro que puede reestablecerse o puede que no, que te hace seguir viviendo o no.
Su cerebro se iba haciendo más pequeño, no tenía comida para poder funcionar y determinadas zonas de él sufrieron atrofia. Como no podía hacerlo, dejó de poder pensar y de retener las cosas en su mente, sin poder mantener una conversación, no se enteraba de lo que le decían, no por no querer, si no por no poder; parecía el cerebro de
Homer Simpson.
Sus neuronas no funcionaban, por eso creía que nunca tenía hambre pero, no era así. Todo el mundo siente hambre pero, como sus neuronas funcionaban mal, no le llegaba la señal.
Aunque ella no quisiera, su cuerpo necesitaba comida y su cerebro estaba constantemente pensando en ella, en comida, en su vida, incluso soñaba con ella, pero ella se lo autonegaba.
Ella odiaba y temía a la comida, ¿cómo iba a soñar con ella?
También tenía hormigueos.
Sus ojos y oídos se hicieron muy sensibles al ruido y a la luz, no podía soportarlos.
Sus pobres ojitos sufrieron una pérdida de visión debido a que sus músculos oculares no podían estar tensos, no tenían gasolina.
Su colesterol 'bueno' disminuyó, no tenía grasas, ni buenas ni malas para poder tener.

Era muy propensa a contraer enfermedades debido a su bajo nivel inmunológico, se constipaba con facilidad y cogía fiebre.
Cuando la obligaban a comer lo hacía con una pésima digestión y dolor de estómago. Le dolía mucho y, cuando quería ir al baño no podía y, cuando lo intentaba con esfuerzo, parecía que los ojos se le fueran a salir y el cerebro le fuera a explotar.
También sus huesos se hicieron débiles. Apenas podía soportar su propio esqueleto. Se cansaba de estar de pie, no podía soportar ni su propia estructura. Tenía los huesos de una mujer de 50 años a las 14. En cualquier momento el hueso se le podía romper e inmediatamente caerse y, en el peor de los casos, quedarse en silla se ruedas.
Tiene osteoporosis.
También dejó de crecer.
Sus músculos fueron desapareciendo, su masa muscular desapareció. Al principio su grasa y luego, siendo ya de gravedad, sus músculos, se consumía, siendo presente en ella contracturas musculares.
No tenía fuerza, no podía subir las escaleras, no podía mantenerse en pie, le dolía.
La 'señorita roja francesa' la abandonó, la dejó, la está dejando; ya lleva 9 meses desaparecida. ¿Cuántos más?
Si no se recupera, nunca podrá ser mamá.
Tiene amenorrea.
El frío quiso apoderarse de ella, robándole unos 2 grados vitales en ella que, intentaba recuperarlos abrigada hasta la médula entre mantas de lana.
Un fino vello quiso ir en su ayuda para intentar 'aliviar' un poco el frío, pero no sirvió de nada, sólo para hacerla estéticamente más fea. Un fino vello que sólo tienen los bebés al nacer; lo tienen los bebés; ella con 14 lo tiene.
Tiene lanugo.
En clase iba con su camiseta, su jersey, su chaquetilla, su chaqueta, su bufanda, la chaqueta de otro compañero, una manta y sentada al lado del radiador mientras que, el resto de la gente aunque tenía frío iba con una chaqueta y bufanda.
Palideció. Su cuerpo, sobre todo sus manos y pies pasaron a color amarillento. Su piel se resecó. Parecía descamarse. Sus vasos capilares se rompían.
Su pelo, su valorado pelo lo perdió. Se quedó prácticamente sin él. Sólo con tocarlo con delicadeza se le caía. Cada vez que se cepillaba lleñaba más dedos puños enteros con cabello
¿Dónde quedaba su mata?
Tiene alopecia.
Sus uñas se hicieron blandas; si las hubiera tenido largas se le hubieran partido constantemente pero, se las mordía, se 'libró' de ello.
Perdió sus pechos, los que tanto quería, los perdió. Pasó de una 95 a quedarle grande una 85; tenía incluso los pechos más pequeños que cuando tenía 12 años.
Ahora, a pasado a odiarlos cuando le están empezando a crecer en su recuperación obligada en su contra.
Sus anginas se le hincharon y le dolían muchísimo debido a su última etapa purgativa.
Sus encías se inflamaban y le dolían debido a los vómitos.
Tampoco podía dormir. Descansaba poco y lo poco que lo hacía, lo hacía mal. Su sueño estaba alterado y su cuerpo soñaba con comida. Estaba pidiendo socorro a gritos silenciados.
La talla 34 pasó a venirle holgada, le venía grande.
Su carácter empeoró. Estaba
todo el día susceptible, irritable, malhumorada ...
Estaba aterradoramente triste, sin interés ni ilusión por nada ni nadie; tenía ideas suicidas, quería morir. La sonrisa desapareció de su rostro, se esfumó. Se quedó sin alma. Contrajo depresión.
También hiperactividad. No paraba en todo el día, no estaba ni un segundo quieta, ni siquiera cuando dormía estaba quieta, no paraba de moverse, como si le estuvieran dando ataques epilépticos. Ella creía que era para quemar calorías, estaba equivocada, eso era lo que 'Ana' le hacía creer, estaba enferma. Eran las últimas fuerzas que le enviaba su cuerpo desesperadamente para conseguir comida antes de morir.
Sus ideas, rituales, obsesiones y perfeccionismos la inundaron, la desbordaron. No era ella, era todo perfección, era todo enfermedad.
Se aislaba, no quería salir, no quería estar con nadie, no quería estar ni con ella misma.
Su relación familiar era peor que pésima. Sus padres lloraban. Oyó 'púdrete y muérete' en ese momento, su alma murió.
No era una familia, no era un hogar. Era un infierno.


Sus 40 kg rebelan el horror.

Esto son sólo una de las pocas cosas que le ocurrieron a ella. Podría decir 1000 cosas más pero, ella no puede seguir escribiendo, es demasiado duro. Además, no cambiaría nada escribirlo, sólo saber que has estado a un paso del hospital quiere decir que en cualquier momento podrías haber desaparecido o haber pasado unos meses de tu vida allí.
Este es solo un pequeño pedacito de las consecuencias de su decisión.
Su historia está gravada. Su historia quedará registrada pero, hoy por hoy, estas consecuencias y más peores están presentes en ella.

Ella podría haber desaparecido pero, no lo hizo, ahora, está aquí, con todo lo escrito y con 1000 cosas más pero, la diferencia es que antes no tenía ¿ayuda?, ahora, la
obligan a curarse, aunque ella no quiere, ella prefiere morir.
Ella espera algún día poder despertar y dar las gracias a todas esas personas que la han salvado. Eso espera, en un futuro. Ahora no, ahora sólo quiere estar sola, ahora sólo quiere morir a solas, poco a poco, lentamente, discretamente, a escondidas.


Ahora ella debería de valorar si su sueño por desfilar encima de una pasarela, medir 1'73 cm y pesar 42 kg valdría la pena con todas estas consecuencias arrastradas desde los 14.
Si no come no podrá crecer. Si no se cura no podrá vivir.
Pero ella es la única que tiene que saber y valorarlo. Ella se tiene que quitar la venda que ahora tanto le aprieta y la ciega.
Ahora no puede.

Ahora debería valorar si es ese sueño real o sólo una fantasía de una niña que está perdida.

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