
Voy a dar paso a unas de mis confesiones más morales.
Hace un tiempo me prometí no volver a tropezar de nuevo con la misma piedra, pero, como de costumbre, volví a mentirme ... una vez más.
El tiempo pasó y yo era felíz, felíz de que mi corazón no latiera enamorado, felíz de que se recuperara, alegre de que por fín pudiera valerse por sí mismo y no necesitar a nadie más para poder sentirme confortada, hasta que, un día, volvió a recordarme lo que sentía por mí, y yo pensando que no le necesitaba más, rechacé sus peticiones.
¿Cómo pude ser así de mema?
Ingénua creí haberme librado de la peor de mis pesadillas, el amor, su amor.
Continué con mi vida, y, desgraciadamente, mi órgano vital, volvió a palpitar. Extrañamente y sin saber por qué, comencé a recordar nuestros momentos, sentimientos, besos, caricias, esas pequeñas lujúrias ... todo aquello, y eso, me condujo al úncio destino al que podía arribar : tú.
Tú, sí, tú, esa persona que me enseñó lo que era el amor y lo que se puede llegar a hacer por este. Me enseñaste a sentirme enamorada ... Desgraciadamente, todo eso lo viví, y ya no me queda por hacerlo, puesto que tuve mi única y última oportunidad y la rechacé, ahora, lo único que me queda es entregar mi corazón hecho mil trizas y entregárselo al único curandero: el tiempo.
No puedo olvidarte, y mucho menos deseo hacerlo.
Lo único que espero esque al ver esto, me ría y no llore cómo ahora hago.
No hay comentarios:
Publicar un comentario