viernes, 13 de marzo de 2009

Su vida, la perdió.


Ella creyó todo lo oído. Oyó que la droga era vida y lo creyó, oyó que el alcohol era diversión, percibió que los canutos te subían al séptimo cielo y por último, advirtió que el sexo era bienaventuranza.
Incrédula la llamaron en algunas ocasiones, pero, ella seguía escuchando todo aquello que tomaba por clandestino [...]
Cada día que pasaba se la hacía eterno, no sabía si se estaba volviendo lunática o si eran simples efectos de aquella "vida" a la que le habían hecho entrar.
Saciaba su ansia con aquellas hojas y aquellos papeles transparentes. Con cada calada, un nervio aflojaba y un nuevo gesto liviano se personaba. Con todo aquello continuó su vida. Algo que al principio había sido simplemente oído, se había convertido en una nueva exclavitud en ella, era una adicta; decidió basar su vida en ello.
Los años pasaron y ella envejecía a un nivel descomunal. Todo aquello le había producido nuevos surcos en su infumable rostro y en su flácido cuerpo. Le produjo la caída de sus incisivos y se había acribillado el cerebro.
Todo aquello ... Incluso, su corazón moría por segundos ...

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